Legado en los huesos de Dolores Redondo

sábado, 29 de marzo de 2014

Aquí llego con la segunda y esperada entrega de El guardián invisible de Dolores Redondo. Compone la segunda parte de la triología del Baztán pero debo advertir que contiene numerosos detalles que relacionan casos de la primera parte por si alguien prefiere leerse la segunda sin pensar en la primera y no llevarse sorpresas. Recordamos que en su primer caso, la inspectora Salazar tuvo que enfrentarse a los temores lejanos de su infancia al regresar a Elizondo, su pueblo natal para investigar los crímenes del basajaun y que mantuvieron atemorizada a la población con cada macabro hallazgo en los bosques del Baztán de niñas cuyos cuerpos habían sido colocados de forma precisa en un intrincado ritual. En esta ocasión, Amaia Salazar deberá enfrentarse a un caso completamente diferente pero no por ello se verá alejada de Elizondo sobre todo ahora que es madre. Este es uno de los detalles más interesantes de la novela. La inspectora da a luz a un niño que se convertirá en el centro de su vida pero que le recuerda constantemente sus viejos temores. Poco antes de dar a luz, Amaia acude a los juzgados donde se celebrara el juicio al asesino de una de las niñas del basajaun, otro detalle importante ya que una de estas niñas no estaba destinada a ser víctima del asesino original sino que su muerte se produjo en diferentes circunstancias. Antes de celebrarse el juicio Salazar se entera de que el asesino se ha suicidado y ha dejado una única nota con la palabra "TARTTALO" que en la mitología vasca es un cíclope gigante devorador de carne humana. No será la última vez que la inspectora se encuentre con esta palabra. Poco después se producen varias profanaciones en la iglesia de Arizkun, población cercana a Elizondo donde aparecen unos restos óseos pertenecientes a un antepasado de Amaia.

Amaia Salazar. La inspectora de Homicidios de la Policía Foral no acaba de reponerse de la sorpresa que le supone dar a luz un niño en lugar de una niña como se esperaba cuando de nuevo un caso de lo más inquietante llega a su vida. Después del suicidio y del hallazgo de la palabra "tarttalo" Amaia descubre que no es la primera vez que esto sucede. Al mismo tiempo las profanaciones de una iglesia cercana a Elizondo la ponen sobre la pista de unos huesos humanos que resultan estar ligados a ella familiarmente. Esto nos lleva a una antigua práctica que ha perdurado hasta prácticamente nuestros días ligada a la mitología navarra.





La trama. En esta segunda entrega conocemos más datos sobre Amaia y algunos que ella no esperaba encontrar. Aparte de las dificultades familiares y profesionales, encontramos una evolución en la inspectora que todavía no termina de dejar atrás sus miedos sobre todo ahora que se ha convertido en madre. Si a esto añadimos que parece que las fuerzas sobrenaturales se han cebado en ella, las inexplicables apariciones de la mujer en el monte cerca de la cueva de la diosa Mari, los huesos de niño y los secretos del Baztán hacen que este caso aparentemente desequilibrado adquiera cordura ante los pasos específicos del asesino. Introducir detalles sobre la mitología navarra aportan interesantes datos a la trama aunque las intervenciones sobrenaturales resten magia a la trama.

Algunos detalles. El detalle más interesante lo encontramos en la antigua práctica de enterrar a los niños que habían fallecido durante o poco después del parto. Bebés que fallecen antes de ser bautizados y que por norma no podían ser enterrados en los cementerios, es decir, en suelo sagrado. Siempre se destinaban a una fosa como los suicidas, los asesinos o las prostitutas. En el caso de Navarra estuvo muy extendida la práctica de enterrar a estos niños junto a las casas ya que se creía que sus espíritus actuaban como protectores de la familia. Se cree también que sus espíritus son visibles por los niños hasta cierta edad que dejan de verlos. En la práctica ritual, los brazos de estos niños denominados mairu-beso eran utilizados como fetiche o instrumento para las prácticas secretas de las brujas, si se quemaban, el humo de estos huesos podía adormecer a los habitantes de una casa o una población entera o proteger a los caminantes que viajen de noche. En la novela también se hace referencia al basajaun, guardián del bosque, Ingumas, espíritus malignos que roban el aliento a los humanos mientras duermen y las belagiles o brujas.

Ojos de agua de Domingo Villar

sábado, 15 de marzo de 2014

La primera novela de Domingo Villar que reseñé en este blog fue La playa de los ahogados, segunda entrega de las investigaciones del inspector Leo Caldas y su ayudante Rafael Estévez. Ojos de agua es la primera entrega donde conocemos a esta singular pareja de investigadores, un taciturno inspector dado a los silencios prolongados que colabora en un programa de radio y un aragonés de temperamento volátil incapaz de refrenarse a tiempo. La trama comienza con el asesinato de Luis Reigosa, un saxofonista que aparece desnudo y atado a su cama con señales de haber sufrido una muerte cruel y dolorosa. El hecho de que el músico no tenía pareja conocida, la ausencia de huellas dactilares y la gran colección de discos de jazz hacen que Caldas se interese por las relaciones de la víctima que lo llevan desde los clubes de jazz hasta los lugares más excepcionales de Vigo como son las rías. Junto con la aparición de diversos personajes de toda índole hace de esta novela un interesante retrato sobre el crimen y sus auténticos derroteros ya que nada es lo que parece.


Leo Caldas, inspector de policía encargado del caso Reigosa. Colabora en el programa Patrulla en las ondas donde recibe llamadas de diferentes denunciantes que buscan solución a problemas de tráfico, exceso de ruidos... lo cual le incomoda ya que parece que todo el mundo escucha el programa que le ha valido el sobrenombre de "patrullero". Junto a Rafael Estévez forma una singular pareja ya que Caldas es un hombre solitario, dado al mutismo y en apariencia alejado de las cosas  mundanas. Solo su padre le hace recordar a Alba, una misteriosa mujer que no conocemos. En la novela La playa de los ahogados hay también referencias a ella. Dado que empecé leyendo la segunda entrega señalo que poco más se sabe sobre esta faceta de Caldas.

Rafael Estévez originario de Zaragoza, este agente es incapaz de controlar su mal genio y estalla en continuadas ocasiones dando varias dosis de diversión a la novela. Trasladado a Vigo al parecer por un conflicto en su comisaría original, Estévez no es capaz de adaptarse a la vida gallega, los sarcasmos le son desconocidos, se desespera ante las respuestas cortas, siempre llueve y aborrece a los perros.

Luis Reigosa joven saxofonista asesinado en su dormitorio. Aparece atado por las muñecas a la cama y totalmente desnudo. En su cuerpo aparecen las señales de su espantosa muerte. El método empleado parece conducir a un crimen pasional pero dado que Reigosa no tenía pareja conocida, vivía solo en su piso y las únicas relaciones que se le conocen son sus compañeros de grupo con quienes toca música jazz.

Opinión personal
Desarrollada enteramente en Vigo, el autor nos desliza sutilmente por tabernas y clubes empapándonos del ambiente con jazz de fondo en unas ocasiones, con el ruido del mar en las rías o la tranquilidad de los parajes que Caldas y Estévez visitan. Si bien un cadáver desnudo ya es algo visto en películas como Instinto básico o novelas como El alquimista impaciente de Lorenzo Silva tiene un toque de horror y crueldad, la víctima en efecto sufre una muerte espantosa. A medida que pasamos las páginas encontramos capítulos cortos muy amenos encabezados por una definición de diccionario sobre palabras que tienen que ver con la historia. Añadir que la novela es corta, no más de 190 páginas. Originalmente estaba escrita en gallego, fue el propio autor quien la tradujo al castellano. Es una novela de 2006, mi ejemplar es de la editorial Siruela y recibió el I Premio Sintagma, el Premio Brigada 21 y el Premio Frei Martín Sarmiento y finalista además en dos categorías de los Crime Thriller Adwards de Reino Unido.